Fin de semana
NÚMERO 64
La Francia veracruzana del río Bobos
En ciertos pueblos del golfo, el sabor veracruzano le ha dejado su lugar a panaderías con horno de ladrillo, licor de naranja y tejados franceses, herencia de una comunidad que llegó a estas tierras con la ambición de participar en un proyecto agrícola. En sus museos, playas y restaurantes, la combinación es digna de verse.
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Al encuentro de los gigantes verdes
Número 63 - abril 2007En el Valle de los Gigantes la historia tiene forma de cactus. Este territorio de la península de Baja California, comprendido entre el Golfo de California y la Sierra de San Pedro Mártir, está habitado por majestuosos cactus de más de 17 metros de altura. Encontrarse con ellos es contemplar de frente una de las caras más vivas del desierto.
San Pancho, un pueblo con estilo en el Pacífico
Número 62 - marzo 2007San Pancho es el apodo cariñoso —y casi oficial— del pueblo nayarita de San Francisco, en la Bahía de banderas. Su oferta turística es tan relajada como su nombre. Sin embargo, la calidad de sus restaurantes y hoteles está a la altura de sus privilegiados paisajes.
Érase una vez en Durango
Número 61 - febrero 2007Si a Durango se le conoce como “tierra de cine” es porque en los paisajes conformados por sus tierras áridas, cielos azules y luz nítida se han filmado más de 170 películas: actores de la talla de John Wayne y James Coburn filmaron algunos de los ejemplares más memorables del género western. Visitar los sets que siguen en pie constituye una extraña y fascinante manera de descubrir su legado.
Música, arte y mucha calma en San Miguel de Allende
Número 60 - diciembre 2006-enero 2007A simple vista, San Miguel de Allende puede parecer un tanto cursi, obvio. Pero basta rascar un poco sus coloridas fachadas, asomarse a través de los gruesos muros de sus edificios virreinales, y elegir bien las paradas gastronómicas y culturales para descubrir una ciudad asombrosa.
Cuernavaca: la verdadera historia de su eterna primavera
Número 59 - noviembre 2006Cuernavaca ha visto pasar de todo: el imperio de los Habsburgo, la mafia norteamericana de los años treinta, la psicodelia de los sesenta. Sus mansiones y jardines sobreviven con aquella frondosidad que los hizo famosos, protegidos del tiempo por muros de piedra, tan infranqueables como eternamente apetecibles.
Pátzcuaro, visita guíada por un paladar curioso
Número 58 - octubre 2006En Pátzcuaro, pasar el fin de semana de puesto en puesto y de fonda en fonda no es sólo glotonería, sino una reverencia justa a un pueblo que ha conservado recetas purépechas, coloniales, y todo lo que cabe entre su mercado y la zona lacustre.
Acceso directo a la Selva Lacandona
Número 57 - septiembre 2006Ya no hay excusa para morirse sin conocer la selva lacandona. Entre muchas otras cosas, el levantamiento de 1994 del EZLN es el responsable de que la largamente imaginada carretera entre Palenque y las Lagunas de Montebello se haya vuelto una prioridad para las autoridades y, actos seguido, un espectacular y eficiente camino pavimentado.
Paricutín, el lado vivo de un pueblo enterrado
Número 55 - julio 2006Si la carta del Tarot que representa La Muerte necesitara un escenario natural, el mar de lava petrificada en San Juan Parangaricutiro dramatizaría sus presagios a la perfección: devastación, furia, caos, hoz de fuego y ceniza que daría fin a toda forma de vida y dejaría estériles, por muchos años, las tierras de este pequeño valle en la meseta purepecha. Pero no para siempre.
Sian Ka'an, turismo responsable en la Riviera Maya
Número 54 - junio 2006En 1986, en plena crisis devaluatoria y éxtasis mundialista, el presidente Miguel de la Madrid convirtió a Sian Ka’an en reserva de la biosfera; un año más tarde la Unesco la coronó Patrimonio de la Humanidad, y hoy los turistas que la conocen descubren que para disfrutar la maravillosa costa de Quintana Roo hace falta muy poco; si acaso, cuidarla para que no desaparezca.
México a vuelo de globo
Número 52 - Abril 2006Nadie pone en duda la emoción de elevarse en un globo aerostático por encima de los volcanes del centro de México. Pero pocos lo hacen. Quizá porque no se les ha ocurrido, pero quizá porque no saben que la experiencia es apta hasta para padres sobreprotectores, y por supuesto para sus hijos.























