El camino que sí llega a Roma
Fotografía de Barbara Ainis

El camino que sí llega a Roma

No hay que ser muy original para desear un viaje a Roma. Pero para dormir en un monasterio con vista a la cúpula de San Pedro, comer recetas originales del siglo XIX y, sobre todo, no gastar más de 100 euros al día. Sí hace falta dejarse guiar por un experto astuto y de buen olfato.
Es la dura ley que rige el mercado libre: la cantidad de atracciones de una ciudad se traduce en la misma cantidad de turistas atraídos a ella y una similar proporción de precios elevados que suficientes viajeros estarán dispuestos a pagar.

Y, dado que no hay muchos lugares en el mundo tan ricos en historia, cultura, arte y belleza como Roma, visitar esta ciudad —una experiencia imprescindible por lo menos una vez en la vida— se ha vuelto un deleite verdaderamente oneroso. A no ser que se tengan en cuenta algunas sugerencias para gastar menos que, curiosamente, tienen la función de ayudar a descubrir la verdadera esencia de la ciudad, protegerse de las trampas para turistas, descubrir los barrios más originales, comer platillos exquisitos y conocer a esas personas que son los romanos; gente al parecer ruda pero en el fondo acogedora, chistosa y entrañablemente enamorada de su ciudad.

CONSIDERACIÓN NÚM. 1:

LA TEMPORADA

Roma es hermosa en todas las estaciones: el templado invierno regala una hermosa luz, la primavera florece en los escalones de la Trinità dei Monti, frente a la Plaza de España, decorados cada año por una multitud de plantas y flores de azalea; el cálido verano encuentra alivio en las maravillosas fuentes y, finalmente, el otoño tiñe de rojo y amarillo los hermosos parques públicos de las villas renacentistas. Pero, si el propósito es ahorrar, lo
que hay que conocer es el calendario turístico de Roma. Es impresionante cómo puede cambiar el precio de una habitación entre el mes de marzo y abril, o también entre agosto y septiembre. Por ejemplo, en la famosa Via Veneto, la tarifa para una doble en un buen hotel tres estrellas —de los cuatro estrellas mejor ni hablar— durante el invierno puede costar alrededor de 90 o 100 euros y subir hasta 200 euros o más a partir del mes de abril.

También un hotelito dos estrellas, más sencillo pero bonito y siempre céntrico, a lo mejor cerca del Coliseo, en agosto pide 70 u 80 euros, mientras que ya en septiembre llega a pedir más de 150 euros.

Cada hotel tiene su propio plan de tarifas pero, a menudo, los meses más baratos van de noviembre hasta la mitad de marzo y luego también julio y agosto, cuando la mayoría de los turistas prefiere veranear en las playas.

Elegir la temporada baja o mediana puede que sea la única forma de hospedarse en los buenos hoteles del centro histórico sin gastar excesivamente, pero en realidad siempre hay algún hotel barato, a lo mejor de una estrella, pegado a la estación de trenes Termini (con la concurrencia que suele rondar estas zonas); es cosa de estar preparado en caso de una mala sorpresa con la limpieza, el tipo de clientela o la calidad de los servicios. Una recomendación: cuando vaya a elegir un hotel barato, consulte alguna página de internet con evaluaciones de usuarios, como www.venere.com, que tiene una versión en español.

CONSIDERACIÓN NÚM. 2:


LAS TOWN HOUSES

Hay otras formas de pasar unos días en Roma gastando poco que, a mi parecer, son también las mejores para sumergirse en el verdadero carácter de la ciudad y de sus habitantes. Las hermosas town houses son departamentos de lujo convertidos en hermosas habitaciones. No son propiamente hoteles, pero tampoco sólo b&b. Se encuentran en antiguos palacios del centro histórico y tienen muy pocas habitaciones, decorados con muchísimo cuidado, cada uno con cuarto de baño y aire acondicionado.

En estos sitios uno puede llegar a sentirse como en casa, con un servicio minucioso y personalizado, y buenos desayunos. Los más lujosos son comparables con un estándar hotelero de cuatro estrellas, con televisión de plasma, minibar, caja fuerte y muebles antiguos o de diseño. Sin embargo sus precios son más bajos que los de cualquier hotel romano de tres estrellas: una habitación doble en el elegante Kame Hall, frente a la famosa Fuente de las Tortugas, obra entre otros del arquitecto y escultor Bernini (el mismo de la columnata de San Pedro), cuesta entre 130 y 180 euros.

Las town house suites son aún más baratas y también sorprendentemente atractivas. En el tranquilo barrio del Esquilino, erigido en el siglo XIX a unos cuantos minutos de la estación Termini y de la Basílica de Santa Maria Maggiore, se encuentran por ejemplo las acogedoras suites Giovy: un elegante departamento con seis amplias habitaciones, internet y televisión con cable, cuidado por Giovanna, la joven y graciosa dueña, a precios que van de los 50 hasta los 95 euros por una doble.

Y cerca de la impresionante silueta del Coliseo, entre los elegantes palacios de Via Cavour, se encuentra la bonita Tourist House, con habitaciones cómodas, luminosas y decoradas con gusto, asomadas sobre los techos romanos. Aquí también el servicio es muy personalizado (cuando estuve ahí, el dueño estaba tratando de conseguir buenos boletos de futbol para sus huéspedes finlandeses) y los precios varían desde 75 hasta 110 euros.

HOSPEDAJE DIVINO


Otra gran forma de acceder a Roma es hospedarse con religiosos en conventos y monasterios. Desde el Medioevo, esta tradición le permitía a los peregrinos encontrar ayuda y cama en su camino hacia la tumba de San Pedro o Santiago de Compostela. En Italia y en la capital en particular, a partir del Año del Jubileo en 2000 se ha renovado esta tradición, adaptada a los tiempos modernos: muchas de las casas de religiosos, antiguas o modernas, han sido remodeladas para hospedar turistas, que son los peregrinos modernos: no forzosamente creyentes, la mayoría sólo busca unos días de descanso en el centro de la cristiandad.

La caída en el número de vocaciones ha dejado mucho espacio libre y lo mejor es que no se trata de humildes celdas para penitentes. Las estructuras se han convertido en acogedoras casas con habitaciones sobrias, pero bonitas y limpias, casi siempre con cuarto de baño y aire acondicionado, y desayunos de buena calidad en un ambiente muy amable y familiar.

Además de que en Roma estas casas, a veces preciosos ejemplos de arquitectura, se encuentran en los lugares más hermosos de la ciudad: frente a la Basílica de San Pedro, al lado de la maravillosa Plaza Navona, o en la céntrica Via del Corso. Claro que hoy el hospedaje ya no es gratuito (los ingresos se utilizan para la gestión de las casas y para entregarse a entidades de beneficencia), pero sí muy barato, su ubicación. Dormir a unos pasos de la impresionante cúpula de San Pedro, en el convento de los Padres Trinitarios a lado de la hermosa iglesia de Santa Maria alle Fornaci, cuesta unos 100 euros en habitación doble con el desayuno incluido. Los cuartos son amplios y limpios, con baño privado y aire acondicionado, la recepción está disponible las 24 horas y el servicio es muy familiar y diligente.

Un poco más lejos, pero con una vista inolvidable a la Basílica y a la Ciudad del Vaticano, se encuentra la Casa de Santa Emilia de Vialar, un imponente palacio rodeado por un jardín de palmas y pinos marítimos. Las habitaciones dobles, sobrias y luminosas con vista a San Pedro, cuestan 80 euros, con desayuno. Y a espaldas del bellísimo Castel Sant’Angelo, que fue el mausoleo del emperador Adriano y luego fortaleza y cárcel de los Estados Pontificios, se ubica otra casa de religiosos, la Domus Carmelitana. Sus habitaciones, modernas y elegantes, pueden compararse con las de un hotel tres estrellas, sólo que se alquilan desde los 96 euros, con desayuno incluido.

También en las calles más renombradas del centro histórico de Roma, las que fueron escenografía de películas como La dolce vita, de Federico Fellini o la más reciente El talentoso Mr. Ripley, se localizan en conventos que ofrecen habitaciones a los turistas. La plaza donde se encuentran los protagonistas en la primera escena de esa inquietante película de Anthony Minghella es la majestuosa Plaza Navona, que es el antiguo estadio domiziano, y que está rodeada de palacios del siglo XVII, bares y la hermosa iglesia de Santa Agnese, frente a la impresionante Fontana dei Fiumi (Fuente de los Ríos). Pues bien, en un callejoncito al lado de la plaza, ubicado en una parte del precioso Palacio Massimo Lancellotti, se encuentra el convento de las Siervas de María, la casa Santa Giuliana Falconieri, que ofrece habitaciones sencillas, dobles y familiares, algunas con cuarto de baño privado, desde 79 euros para dos personas, desayuno incluido.

Y en la famosa y concurrida Via del Corso se encuentra la Basílica de San Carlo al Corso, del siglo XVII. Las habitaciones de su hermoso colegio pueden reservarse desde 68 euros.

Una aclaración importante para los viajeros laicos: el espíritu ecuménico en estas casas abre sus puertas a todos, católicos o no, siempre y cuando se respeten los hábitos y valores de los religiosos. Algunos conventos cierran durante la noche, o tienen horarios estrictos para el desayuno y la limpieza. Además, en teoría, el hospedaje en habitaciones dobles es sólo para parejas casadas, aunque no se sabe de nadie que haya tenido que mostrar un certificado de matrimonio.

LAS ENTRAÑAS DE LA COMIDA ROMANA

La comida romana es un desafío, tanto para el paladar como para el resto del aparato digestivo. La tradición gastronómica de la capital italiana tiene sus raíces en una historia popular de pobreza e inventiva, de ese genio que sabe hacer de la necesidad una virtud. Uno de los platillos más emblemáticos es la Coda alla Vaccinara, un platillo a base de la cola del buey cuya historia merece ser contada. Los trabajadores del rastro del barrio popular Testaccio (hoy muy de moda, junto al cercano Trastevere) recibían como pago extra el “quinto cuarto” del buey, llamado así porque lo bueno del buey se dividía en cuatro partes, y el “quinto” eran la sobras, es decir, las vísceras, la cola y los ojos del animal recién sacrificado. Ellos llevaban el alimento a la propietaria de una taberna cercana, la Sora Ferminia, muy hábil para cocinar esa carne de sabor tan fuerte y tan llena de sangre. Es suya la receta de la Coda alla Vaccinara, inventada para convertir la grasosa cola del buey en un platillo exquisito, resultado de ocho horas de cocción con vino blanco, apio y tomate, condimentado con una salsa de apio, piñones y uva pasa, y servido con chocolate amargo rallado.

La antigua taberna existe todavía y todavía, en Checchino dal 1887, se puede comer la receta original del platillo más famoso de Roma. Cuidado con los precios, que no son tan baratos para una comida completa, pero vale la pena aunque sea probar esta exquisitez con una copa de vino tinto.

Por cierto, el “quinto cuarto” dio origen a otros clásicos de la tradición gastronómica romana, como los rigatoni con pajata (la primera parte del intestino delgado de la ternera de leche), la sopa de panza de res con jitomate o las mollejas de ternera.

Para no comprometer la visita diurna de museos y monumentos, lo mejor es esperar hasta la cena para degustar estas delicias y luego darse un pequeño paseo en reconocimiento a la ardua labor de nuestro hígado. Existen muchas fondas dónde comer cocina típica de Roma por 20 o 25 euros. Pero hay que tener cuidado con la calidad, en particular en el centro histórico, donde abundan las trampas para turistas.

Sora Margherita, en uno de los barrios más hermosos y menos concurridos del centro histórico, el antiguo gueto hebreo, frente a la Isla Tiberina y a la Sinagoga, es una de las más recomendables. Al comer en sus mesitas de madera se descubre la mejor tradición gastronómica romana, profundamente vinculada a la comunidad de los judíos: además del “quinto cuarto”, ahí se sirven albóndigas en salsa con chícharos, chuletas de lechón asadas, flores de calabaza rellenas y las famosas alcachofas a la judía, fritas y con un poco de pimienta y limón.

Otra dirección imprescindible es la de la fonda de Alfredo e Ada, en un hermoso callejón entre Castel Sant’Angelo y Plaza Navona. El pequeño restaurante de cocina casera, cuidado por la imparable doña Ada, que desde hace 60 años cocina para sus clientes como si fueran invitados en su comedor, ofrece deliciosos macarrones a la carbonara (con huevo y tocino) y a la amatriciana (con tocino, cebolla y jitomate), albóndigas en salsa, pancita y salchicha con frijoles.

Durante el día, lo mejor es hacer como hacen los romanos: comer una pizza blanca rellena de mortadela, idealmente del horno de la plaza Campo dei Fiori, o unas deliciosas croquetas, de arroz en uno de los miles de localitos del centro o, si no, deleitarse a media tarde con un filete de bacalao frito en la ruidosa fonda Dar Filettaro, impredecible reino de los placeres del paladar.


VISITAS GRATUITAS


MUSEOS VATICANOS

El último domingo del mes, de 8:30 a 12:30 horas.

MONTECITORIO

Antiguo palacio sede de la cámara de diputados, primer domingo del mes, de 10 a 18 horas.

PALAZZO MADAMA
Antiguo palacio sede del senado italiano, primer sábado del mes, de 10 a 18 horas.



GUÍA PRÁCTICA


Los monumentos, iglesias y ruinas de Roma no pueden agotarse en unos pocos días de vacaciones. Entonces, ¿por qué no elegir sólo los que se ofrecen gratuitamente? En el sitio www.romaturismo.it, el listado completo de los museos. Aquí nuestras sugerencias de costo cero.

PANTHEON

Piazza della Rotonda
T. 39 (06) 6830 0230
De 8:30 a 19:30 horas; domingos, de 9 a 18 horas.


El maravilloso edificio romano, hoy iglesia católica, resguarda las tumbas de Raffaello Sanzio y los reyes de Italia.

FORO ROMANO

Via dei Fori Imperiali
T. 39 (06) 3996 7700
De las 9 hasta una hora antes de la puesta del sol.


Entre Plaza Venecia y el Coliseo se encuentra uno de los sitios arqueológicos más amplios y atractivos del mundo, que incluye las ruinas de los antiguos templos romanos.

VITTORIANO
Piazza Venezia
T. 39 (06) 699 1718
De 10 a 16 horas; cerrado los lunes.


En el enorme monumento de mármol blanco, realizado en honor del primer rey de la Italia unificada, Víctor Manuel II, hay un museo del Resurgimiento italiano y desde su terraza se aprecia una inolvidable vista a la ciudad.

CIMITERO DEI CAPPUCCINI

Iglesia de Santa Maria della Concezione
Via Veneto 27
De 9 a 12 y de 15 a 18 horas; jueves cerrado.


Impresionante capilla decorada con huesos, esqueletos, cráneos de más de cuatro mil frailes muertos antes de 1700.


DÓNDE DORMIR


KAME HALL
Via Paganica 9
T. 39 (06) 6813 5568
www.kamehall.com


Habitación doble de 130 a 180 euros, desayuno incluido.

GIOVY
Via Principe Amedeo 85/A
T. 39 (06) 495 8465
giovanna69@tiscali.it


Habitación doble de 50 a 95 euros, desayuno incluido.

TOURIST HOUSE
Via Cavour 211
T. 39 (06) 4782 4682
www.touristhouse.it

Habitación doble de 75 a 110 euros, desayuno incluido.

SANTA MARIA ALLE FORNACI
Piazza S. Maria alle Fornaci 27
T. 39 (06) 3936 7632
www.trinitaridematha.it


Habitación doble 100 euros, desayuno incluido.

SANTA EMILIA DE VIALAR
Via Paolo III 16
T. 39 (06) 3936 6528


Habitación doble 80 euros, desayuno incluido.

DOMUS CARMELITANA
Via Alberico II 44
T. 39 (06) 684 0191
www.domuscarmelitana.com


Habitación doble de 96 a 110 euros, desayuno incluido.

SANTA GIULIANA FALCONIERI

Via S. Giuseppe Calasanzio 1
T. 39 (06) 6880 3344


Habitación doble de 79 a 84 euros, desayuno incluido.

SAN CARLO AL CORSO
Via del Corso 437
T. 39 (06) 681 9171


Habitación doble 68 euros, desayuno incluido.


Más información sobre hospedaje en casas de religiosos:
www.associazioneturismoreligioso.org
www.hospites.it


DÓNDE COMER

CHECCHINO DAL 1887
Via di Monte Testaccio 30
T. 39 (06) 574 3816
www.checchino-dal-1887.com


Coda alla Vaccinara, desde 28.5 euros.

SORA MARGHERITA
Piazza delle Cinque Scole 30
T. 39 (06) 687 4216


Alrededor de 25 euros por persona.

ALFREDO E ADA
Via dei Banchi Nuovi 14
T. 39 (06) 687 8842


Alrededor de 20 euros por persona.

FORNO DE’ CAMPO DEI FIORI
Campo dei Fiori 22
T. 39 (06) 6880 6662
www.fornocampodefiori.com


DAR FILETTARO A SANTA BARBARA
Largo dei Librari 88
T. 39 (06) 686 4018



DÓNDE COMPRAR

PORTA PORTESE
Via Portuense

Se trata del tianguis más famoso de Roma. Nacido como mercado de viejo, hoy se encuentra ropa de moda, jeans nuevos, bolsas de cuero, tenis, libros antiguos y hasta cafeteras moka. Todo superbarato (quizá porque se trata de objetos robados). Pero hay que tener cuidado con los carteristas: no llevar la cámara ni nada por el estilo.

CÓMO DESPLAZARSE

Lo mejor es olvidarse de los taxis, que en Italia salen muy caros. En el centro histórico es un gusto moverse a pie. Y los medios de transporte públicos (más los autobuses que el metro) pueden ayudar a ahorrar tiempo para las distancias más largas: sólo hay dos líneas de metro en toda la ciudad (¡cada vez que excavan encuentran ruinas romanas!), pero en el autobús se puede admirar toda Roma cómodamente sentado.

El boleto de transporte público para tres días cuesta 11 euros, para una semana 16. Más información en www.atac.roma.it
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