Brunch en el Lower East Side

Brunch en el Lower East Side

En Nueva York, SIEMPRE hay un puñado de sitios estratégicos donde lucir los lentes de sol, el nuevo par de zapatos deportivos, comentar la noche anterior y borrar sus estragos con un coctel y una comida ligera. En este momento, tres de ellos se encuentran en el Lower East Side; los tres por buenos motivos.
El Lower East Side, uno de los barrios más antiguos de Nueva York, en el sureste de Manhattan, fue tradicionalmente un barrio de inmigrantes y de la clase trabajadora. A mediados del siglo XIX, después de las primeras oleadas de alemanes, irlandeses, polacos y portorriqueños, tenía la población más densa del mundo (190 mil personas por kilómetro cuadrado). Pero en las últimas décadas empezaron a llegar también jóvenes estudiantes, músicos y artistas que le trajeron a la zona un aspecto bohemio. Así como SoHo y Greenwich Village pasaron de ser pobres a alternativos y luego a destinos de moda, el LES (como se le conoce) está en algún momento de esa revolución. Y los restaurantes de alta calidad que están abriendo en sus calles son uno de los indicadores.

PRUNE: COMIDA EXQUISITA,
SIN MUCHA COMPLICACIÓN

Hace unos años, Gabrielle Hamilton, que había trabajado como cocinera privada durante muchos años, vio un espacio vacío en la manzana donde vivía desde hacía nueve años. Su calle se estaba convirtiendo en una hilera de restaurantes y no aguantaba que invadieran el vecindario con un cliché más. Entonces ella misma abrió uno, con la idea de cocinarle a sus vecinos y tener su propio negocio. Lo bautizó Prune (ciruela) no tanto por la fruta, sino por su apodo de niña. Y eso capta la idea de este sitio poco convencional, donde el acento está puesto en la comida casera, sólo que bien hecha por alguien que sabe del tema.

El “restaurante sin pretensiones” rápidamente tuvo más adeptos de los que le caben en sus treinta sillas y atrajo a un público mucho más diverso geográficamente que el de sus vecinos. Pero Prune conservó su tamaño diminuto, con su decoración descuidada, pero chic, y su servicio sencillo.
Las baldosas, la barra de zinc y el techo son originales, el acabado de las paredes está raspado, los espejos marcados por oscuras manchas viejas y las luces de un par de focos, atenuadas por su punta oscurecida.

Los meseros visten todos la camiseta color rosa del restaurante y tratan a los comensales con una cordialidad natural. Pero después de esperar una hora para sentarse el domingo en una silla, casi codo con codo con otros comensales desconocidos, se necesita más recompensa que un buen ambiente: ésta empieza antes siquiera de probar bocado, con uno de los diez tipos de Bloody Mary que se sirven aquí acompañados de un shot de cerveza (9 dólares, Virgin Mary 7 dólares). Puede ser tan simple como el original de vodka, apio y limón, o incluir ingredientes como wasabe (el Green Lake).

Entonces sí viene la comida, un menú de clásicos reinterpretados de una manera muy particular. El Monte Cristo (12 dólares), por ejemplo, es un sándwich triple de jamón, pavo y queso suizo, cubierto con una pasta de huevo y leche, frito y espolvoreado con azúcar glas, que se sirve acompañado de huevos fritos y mermelada de grosella roja. Otras buenas opciones son los Eggs en cocotte, o huevos cocidos (11 dólares), servidos aquí sobre pollo desmenuzado, o el Omelette de ostiones fritos (14 dólares), con una deliciosa salsa picante. Las papas “rosti” (3 dólares) vienen con ciertos platos o pueden pedirse por separado, y son una deliciosa variación de las clásicas papas que llaman hash brown. Y si se apetece algo dulce lo mejor es el Dutch style pancake (13 dólares), cocinado en el horno con arándanos adentro. Viene servido con crema agria, jarabe de maple y tocino.
A la salida, así como en otros sitios se toma una menta o una tarjeta, aquí uno puede llevarse su propio paquete de Alka Seltzer.

Una manera de evitar la cola del fin de semana es reservar para venir a cenar, o a hora de la comida, cuyo menú es todavía un secreto bien guardado.

FREEMANS: SECRETO
A PRUEBA DE VOCES

Los amigos William Tigertt y Taavo Somer no tenían ninguna experiencia como restauranteros, pero la apertura de Freemans fue un acierto rotundo: lo último que uno espera encontrarse al final de ese callejón del LES es Freemans. Y, al parecer, nada atrae a la gente tanto como un secreto. Además, a pesar de que el sitio ya es relativamente conocido, al abrir la puerta uno siente como si se hubiera tropezado con un descubrimiento propio.

El restaurante no tiene ninguna marca afuera y, de hecho, muchas veces ni siquiera el Freeman Alley aparece en los mapas. Pero uno empieza a enterarse de qué se trata cuando descubre a un par de hipsters (como le llaman a estos tipos del LES, jóvenes de jeans pegados, camisetas de diseño, pelo estilizado y un toque de gran marca, como una bolsa Balenciaga), sentados en un banco mientras esperan su mesa.

Adentro, carneros, gansos y jabalíes disecados cuelgan de las paredes. La remodelación —que combina esta idea de club de cacería con el ambiente original de barrio estadounidense de posguerra— es de Somer, quien también diseñó el restaurante Gemma, del Bowery Hotel, y quien a pesar de haber ampliado el espacio casi al doble, no logró erradicar del todo el tiempo de espera.

La demora, sin embargo, se pasa rápido gracias a la buena lista de cocteles: el Freemans cocktail (12 dólares), con whiskey de centeno, melaza de granada y bitter de naranja es uno de los mejores. Y como botana, hay que probar el dip de alcachofa caliente (10 dólares), que llega todavía burbujeando. Ya sentados, los huevos fritos con espinaca y gruyère (12 dólares) son excelentes, al igual que la trucha ahumada con huevos hervidos y salsa de rábano picante (11 dólares); todos platillos creados por Chloe Osborne, el chef del Café Gitane en Nolita.

Freemans también es una buena opción para ir de noche, ya que la combinación de sus dos bares da como resultado un buen ambiente nocturno, y la cocina cierra tarde en comparación con otros restaurantes de Manhattan.

CLINTON STREET BAKERY: MÁS
QUE UNA EXCELENTE PANADERÍA

Marido y mujer, Neil Kleinberg y DeDe Lahman fueron de los pioneros de la revolución de Clinton Street. Cuando ellos llegaron, los negocios que sobrevivían en la calle —en medio del crimen callejero del tráfico de drogas— eran de franquicias de comida rápida, tiendas de videos en español, y manicures de tres dólares. Pero con el aumento de los bienes raíces en el Village, poco a poco llegaron los jóvenes, artistas y músicos. La pareja detectó el asunto y en 2001 abrió su pequeño local de panadería. Su idea era hornear productos de alta calidad, hechos con ingredientes frescos y en pequeñas cantidades. Su primer empleado fue un estudiante que servía scones o muffins con café recién molido a los clientes. Muy pronto empezaron a hornear productos para distintos sitios en la ciudad y abrieron el local para el almuerzo y la comida.

Los hot cakes de moras azules (11 dólares) son legendarios, y tan populares que permanecen en el menú para la comida y la cena. Los buttermilk biscuits son también muy buenos y, a la hora del brunch, se sirven en forma de sándwich de huevos revueltos, queso cheddar y mermelada de tomate, acompañado con papas hash brown (8.50 dólares). El delicioso po’boy (niño pobre), un sándwich tradicional del sur de Estados Unidos, viene relleno de pescado o mariscos fritos, y no deja a nadie con hambre (Po’ boy catch of the day, 13 dólares).

El restaurante es pequeño y la cola a la hora del brunch es larga, pero varios de sus clásicos —como la Black Angus Cheeseburger (11 dólares)— los sirven a todas horas, para quien venga por la comida y no sólo por el ambiente. La hamburguesa viene en un brioche con cebolla dulce, queso suizo, ensalada de col y papas fritas (chips) hechas en casa.

A los lugareños les encanta ir de seis a ocho, por el especial de una hamburguesa y una cerveza a diez dólares, y los martes por la noche, cuando la lista de vinos está a mitad de precio.

PRUNE
54 East 1st Street
entre 1st y 2nd Avenue
T. 01 (212) 677 6221
www.prunerestaurant.com


Brunch de 10 a 15:30 horas, sábados y domingos; lunch, lunes a viernes de 11:30 a 15; cena, lunes a jueves de 18 a 23, viernes y sábados hasta las 24; domingos de 17 a 22 horas. No se aceptan reservaciones para el brunch.

FREEMANS
Al final de Freeman Alley
Rivington Street,
entre Bowery y Chrystie
T. 01 (212) 420 0012
www.freemansrestaurant.com


Bar abierto diario de 11 a 23:30 horas. Lunch y brunch, de 11 a 16 de lunes a viernes; y brunch de 11 a 16, sábados y domingos; cena diario de 18 a 23:30 horas. Se aceptan reservaciones para grupos de más de 6 personas.


CLINTON STREET BAKING CO. & RESTAURANT

4 Clinton Street
T. 01 (646) 602 6263
www.clintonstreetbaking.com


Desayunos, lunes a viernes de 8 a 11:30 horas; lunch, lunes a viernes 11:30 a 16 horas; cenas, lunes a sábados de 18 a 23; brunch, sábados y domingos de 10 a 16. No se aceptan reservaciones.
  • Páginas
  • 1
¿Qué hay de nuevo?

Praga estrena lifestyle

A mitad de camino entre el este y el oeste del viejo continente, la “ciudad dorada” de la República Checa se está convirtiendo en una de las capitales europeas del estilo de vida. Ya no sólo vienen en hordas los novatos que se quedan atónitos con el castillo, el reloj y el cementerio judío, sino aquellos que, en ese marco, vienen decididos a pasársela bien.
Praga 29/09/08

Jazz en el Caribe mexicano

El ondulado ritmo del jazz y las aguas turquesa del mar Caribe son una combinación deliciosa que podrá sentirse del 27 al 29 de noviembre de este año, en la sexta edición del Festival de Jazz de la Riviera Maya.
Riviera Maya 29/09/08

Prospect.1 New Orleans

Como si la música, la comida y la arquitectura no fuesen motivos suficientes para visitar una de las ciudades más seductoras de Estados Unidos, ahora algunos de los artistas contemporáneos más importantes del mundo mostrarán su trabajo en distintos barrios de la ciudad.
Nuevo Orleans 29/09/08
  • Encuesta México
  • Concurso outlet
  • Fines